Cada año, el 28 de junio conmemoramos el Día Internacional del Orgullo lgtbiq+, una fecha que recuerda los disturbios de Stonewall y reivindica los derechos conquistados y aquellos que todavía quedan por alcanzar.
En ciudades como Madrid, además, esa conmemoración se amplía durante varios días con una de las mayores celebraciones del Orgullo del mundo, en la que conviven la reivindicación, la cultura y la visibilidad del colectivo. Y, a nivel internacional, muchas organizaciones, instituciones y comunidades dedican todo el mes de junio a desarrollar actividades de sensibilización, educación y defensa de los derechos humanos: es el Pride Month.
Un día, una semana y un mes. Tres formas distintas de recordar una misma realidad. Sin embargo, cuando termina el Pride, el calendario sigue avanzando. Quedan once meses en los que millones de personas continúan enfrentándose a situaciones de discriminación, invisibilidad o miedo.
El Orgullo nunca fue una fiesta de un solo mes. Es una forma de responder a una realidad que continúa existiendo el resto del año.
¿Por qué hablamos de orgullo?
Una de las preguntas más habituales es por qué el movimiento lgtbiq+ habla de orgullo.
La palabra orgullo aparece como oposición a la vergüenza. Durante décadas —y todavía hoy en muchos lugares— las personas lgtbiq+ han recibido el mensaje de que debían esconder quiénes eran. Muchas crecieron creyendo que sus sentimientos, su orientación o su identidad eran algo incorrecto, motivo de burla o incluso de castigo. Por eso el Orgullo representa exactamente lo contrario: dejar de vivir desde la vergüenza para hacerlo desde la autenticidad. No consiste en sentirse superior a nadie, sino en poder existir sin pedir perdón por ello.
El Pride termina. El compromiso no.
Las manifestaciones siguen siendo necesarias. También los actos culturales, las actividades educativas o las celebraciones comunitarias. Pero la mayor parte de la vida ocurre cuando ya no hay escenarios, carrozas ni banderas colgadas en los balcones.
Sucede en un aula donde un estudiante escucha un comentario homófobo; en una oficina donde una persona evita hablar de su pareja por miedo a las reacciones; en una consulta sanitaria donde alguien teme ser juzgado; en una familia donde todavía cuesta pronunciar determinadas palabras; o en un equipo deportivo, en un grupo de amistades, en una residencia de personas mayores o en cualquier conversación cotidiana. Es ahí donde el Orgullo continúa.
Construir espacios seguros durante todo el año
Crear espacios seguros requiere pequeñas decisiones que, acumuladas, cambian la experiencia de quienes nos rodean. Para combatir con la lgtbifobia, podemos:
- intervenir cuando presenciamos una situación de discriminación;
- utilizar el nombre y los pronombres que cada persona elige para sí misma;
- cuestionar bromas o comentarios que perpetúan prejuicios;
- ofrecer referentes diversos en los libros, las películas o los materiales educativos;
- revisar nuestros propios sesgos y seguir aprendiendo;
- y, sobre todo, podemos transmitir que nadie debería sentir que necesita ocultar quién es para ser aceptado.
En la escuela… y mucho más allá
Cuando comienza un nuevo curso escolar solemos hablar de convivencia, prevención del acoso y educación en valores. Es un momento especialmente importante para recordar que el bullying por orientación sexual, identidad o expresión de género no aparece de repente: se alimenta de pequeños silencios, estereotipos y comentarios que muchas veces pasan desapercibidos.
Sin embargo, la responsabilidad no pertenece únicamente a los centros educativos. Las familias, las empresas, las instituciones, las entidades deportivas, los espacios culturales y la sociedad en su conjunto también participan en la construcción de entornos donde todas las personas puedan desarrollarse con seguridad y dignidad.
La inclusión no empieza cuando aparece un conflicto; empieza mucho antes, cuando el respeto forma parte de la normalidad.
Libros como Sos un amor de Ayrton Zazo, novela new adult sobre la familia elegida; La joya de Venecia de José Ramón ramos, novela juvenil de aventuras; ¿Respiras conmigo? de Sergio Bero, manual pedagógico sobre mindfulness; o Tras mis capas de Carlos Vera, poemario sobre la aceptación; son títulos que, de formas y perspectivas distintas, aportan acercamientos positivos, seguros a la diversidad afectivo sexual.
El Orgullo es cotidiano
El Pride no se limita a una fecha del calendario. Es la visibilidad que permanece cuando termina la celebración, el compromiso que continúa cuando desaparecen los focos y la decisión colectiva de construir una sociedad donde nadie tenga que elegir entre ser quien es o sentirse seguro.
Ese es el verdadero desafío de los otros once meses del año.



