Cuando los versos nombraron lo que no podía decirse

Mucho antes de que existieran palabras como "queer", la poesía ya hablaba del deseo, los afectos y las identidades que escapaban de la norma. De Safo a Lorca y de Whitman a las voces actuales, recorremos su legado hasta llegar a la poesía contemporánea de Kabo&Bero®.

Mucho antes de disponer de las siglas del colectivo, ya existían versos que hablaban del deseo hacia personas del mismo sexo. También encontramos cuerpos que se buscaban, afectos prohibidos o experiencias que escapaban de las normas establecidas. Quizá por sus propias características, la poesía fue un territorio especialmente fértil para hacerlo. La metáfora, la ambigüedad, la elección de un pronombre o incluso aquello que deliberadamente no se escribe ofrecen enormes posibilidades expresivas. La poesía permitió decir en unos pocos versos lo que en determinados contextos históricos no podía afirmarse de manera explícita.

Leer hoy esa tradición no significa asignar retrospectivamente identidades contemporáneas a quienes escribieron hace siglos. Significa reconocer algo mucho más sencillo: las experiencias que actualmente agrupamos bajo el paraguas lgtbiq+ también dejaron huella en la historia de la literatura.

De Safo a Whitman: el deseo también forma parte del canon

Uno de los nombres inevitables cuando hablamos de esta genealogía es Safo de Lesbos. Sus versos fueron escritos en la Grecia arcaica entre los siglos VII y VI a. C. y han atravesado más de dos milenios. Su obra constituye uno de los grandes antecedentes literarios de la expresión del deseo entre mujeres. Su influencia ha sido tan profunda que «lesbiana» y «sáfico» mantienen lingüísticamente la huella de la poeta y de su isla.

Muchos siglos después, Walt Whitman incorporó a Leaves of Grass la serie de poemas Calamus. Sus versos sobre el afecto, la intimidad y los vínculos entre hombres ocupan un lugar fundamental en la genealogía de la literatura gay. Aquello que todavía no podía formularse con nuestras categorías actuales encontró en la poesía un lenguaje propio.

La historia continúa con numerosas voces que escribieron sobre deseos, cuerpos e identidades desde posiciones muy distintas. Emily Dickinson, Oscar Wilde, Gertrude Stein, Langston Hughes o Audre Lorde forman parte de ese patrimonio literario. Sus obras permiten observar cómo la poesía ha cuestionado repetidamente las fronteras establecidas alrededor del género y la sexualidad. No existe una única poesía lgtbiq+. Existe una multiplicidad de experiencias que han utilizado el verso para poder ser dichas.

Lorca: escribir el deseo entre el silencio y la palabra

En la literatura en castellano, Federico García Lorca ocupa inevitablemente un espacio propio. Durante décadas fue posible estudiar su obra reduciendo, ocultando o tratando como un aspecto secundario su homosexualidad. Sin embargo, separar radicalmente vida, deseo y creación impide comprender algunas dimensiones fundamentales de su producción literaria. Los Sonetos del amor oscuro, la Oda a Walt Whitman o determinados pasajes de Poeta en Nueva York permiten acercarnos a ese deseo. Encontramos pasión, conflicto, clandestinidad y las convenciones propias de su época.

El propio recorrido editorial de algunos de estos textos resulta revelador. El silencio no terminó con la muerte del poeta, sino que condicionó durante décadas la forma en la que se publicó y explicó su obra. Recuperar hoy esa dimensión no consiste en convertir toda la producción lorquiana en literatura lgtbiq+, sino en dejar de eliminar aquello que resultaba incómodo nombrar.

De escribir entre líneas a escribir desde la identidad

La poesía contemporánea parte de un contexto diferente. Muchas voces actuales pueden nombrar directamente una relación entre dos mujeres, el deseo entre hombres o una identidad trans o no binaria. También pueden escribir sobre otras experiencias situadas fuera de la cisheteronorma. Eso modifica el lenguaje, pero no elimina la necesidad de la poesía.

La posibilidad de nombrarnos no significa que hayan desaparecido la vergüenza, los prejuicios, el miedo al rechazo o la discriminación. Tampoco elimina las dificultades para aceptar determinadas partes de nuestra identidad. Al mismo tiempo, la poesía lgtbiq+ contemporánea puede alejarse de esos conflictos. Puede hablar simplemente de enamoramiento, sexo, ruptura, cotidianeidad, humor, orgullo o placer. Esa amplitud es también una conquista: poder escribir desde una identidad diversa sin que cada poema tenga que explicar o justificar esa diversidad.

El cuerpo y la identidad en la poesía contemporánea

Hay algo especialmente interesante en buena parte de la poesía lgtbiq+ actual. El cuerpo deja de ser únicamente objeto de deseo para convertirse también en territorio de identidad. ¿Cómo miramos nuestro cuerpo? ¿Cómo creemos que lo observan las demás personas? ¿Qué partes tratamos de ocultar para encajar? ¿Qué ocurre cuando aquello que aprendimos a esconder se convierte precisamente en algo que decidimos mostrar?

La pluma, la expresión de género, la sexualidad, la autoestima o la relación con la propia imagen encuentran en la poesía un lenguaje propio. Este lenguaje puede moverse entre lo íntimo y lo político. Una experiencia aparentemente individual puede revelar una presión compartida por muchas otras personas. Y precisamente ahí encontramos un puente entre la tradición poética y las voces contemporáneas.

Poesía lgtbiq+ en Kabo&Bero®

Dentro de la colección Nerabea de Kabo&Bero® publicamos poesía y prosa poética junto a nuestras narrativas y dramaturgias contemporáneas. Así sonó el chasquido, de Rosa Gallardo, combina poesía, reflexión e ilustración para recorrer una relación atravesada por la dependencia emocional, la ruptura y la reconstrucción. El amor y el desamor permiten revisar cómo nos relacionamos con otras personas. También cómo nos relacionamos con nuestra propia identidad.

Carlos Vera propone un recorrido diferente y complementario en sus dos poemarios publicados con Kabo&Bero®. En Tras mis capas, el autoconocimiento se construye mediante una metáfora geológica. El poemario avanza desde las zonas más externas de nuestra identidad hasta aquello que permanece en el núcleo. Entre sus versos aparecen la pluma, la aceptación personal y la decisión de mostrarse. Mis tripas gritan desplaza ese viaje hacia el cuerpo. Las emociones, las heridas y las contradicciones dejan de permanecer contenidas para encontrar una salida a través de la palabra.

La vulnerabilidad adquiere así un lugar central. No aparece necesariamente como algo que debamos corregir, sino como una experiencia que necesita ser escuchada. Los tres títulos muestran también que la poesía LGTBIQ+ contemporánea no tiene por qué hablar únicamente de orientación sexual o identidad de género. Puede abordar relaciones, autoestima, dolor, expresión personal o aceptación. Las experiencias diversas forman parte de una concepción más amplia de quiénes somos.

Hay miles de años entre los fragmentos conservados de Safo y un poemario publicado hoy. Las palabras disponibles han cambiado. También lo han hecho las sociedades que las leen y las posibilidades de expresar públicamente determinadas identidades. Pero permanece una misma necesidad: utilizar el lenguaje para convertir una experiencia íntima en algo que otra persona pueda reconocer.

Por eso recuperar la poesía LGTBIQ+ del pasado y publicar sus voces contemporáneas son dos partes de un mismo recorrido. Una permite descubrir que siempre estuvimos en la literatura, incluso cuando hubo que buscarnos entre líneas. La otra permite escribir desde un presente en el que podemos ocupar también la línea completa.